Pedro Carmona Estanga: Indignados

Pedro Carmona Estanga: Indignados

La semana que concluye ha sido de enorme brutalidad en Venezuela. Los jóvenes estudiantes iniciaron el día de la juventud, 12 de febrero, una manifestación pacífica en Caracas ante la Fiscalía General de la República, para solicitar seguridad, garantías, libertad para los estudiantes presos a raíz de manifestaciones previas, y cambios en las políticas gubernamentales. Las manifestaciones tuvieron eco en numerosas ciudades del país, y en todas fueron duramente reprimidas por el oficialismo y por las bandas paramilitares afines al gobierno. El resultado ha sido de tres muertos, decenas de heridos, detenidos y jóvenes salvajemente maltratados, como lo evidencian tantos testimonios gráficos que pese a la censura no han podido ocultarse, gracias a los dispositivos fotográficos en manos de la población, y a las efectivas redes sociales.

El mundo ha podido constatar el talante del régimen y del gobernante Maduro, quien no ha tenido empacho en declarar que así lo llamen dictador, impondrá su voluntad y el orden revolucionario, por encima de todo. Califica una vez más de fascistas y golpistas a los opositores, atribuye a Álvaro Uribe estar estimulando  un golpe, insulta a los líderes disidentes y dicta medidas de detención contra el dirigente Leopoldo López, y contra un diplomático de impecable trayectoria democrática, el Embajador Fernando Gerbasi, cuya hija Nathalie sufrió inexplicables represalias. Tratarán además de levantar la inmunidad parlamentaria a María Corina Machado, ejemplo del coraje de la mujer venezolana.

 

Los estudiantes están indignados y han encendido la mecha de manifestaciones que se han prolongado a lo largo de varios días, pese a los riesgos de duras represalias. ¿Analicemos el porqué de la indignación de los jóvenes?:

 





–          Indignados porque sienten que su futuro y esperanzas han sido coartados por el totalitarismo y por la falta de oportunidades.

 

–          Indignados porque miles de compañeros han debido abandonar el país, en una trágica diáspora de talento de la generación de relevo, la cual puede perderse para siempre.

 

–          Indignados porque las universidades oficiales, que no han podido ser tomadas por el oficialismo ni por la vía electoral ni por la fuerza, están siendo asfixiadas por la vía presupuestaria, para arrodillarlas en un inaceptable chantaje.

 

–          Indignados por la represión insultante de que es objeto la disidencia en el país, con la participación activa de los cuerpos de seguridad del Estado, y de los llamados “colectivos” armados, que no son otra cosa que grupos paramilitares que actúan con impunidad ante la complacencia del gobierno.

 

–          Indignados por los abusos de poder del régimen, por la injusticia, la falta de independencia de los poderes, y el abierto desconocimiento a la Constitución y el Estado de Derecho.

 

–          Indignados por la inseguridad y anarquización imperantes en el país, los asaltos, asesinatos, secuestros y la ausencia de garantías y de orden público.

 

–          Indignados por el abandono de la infraestructura, la cual fue en el pasado orgullo de los venezolanos, y por la falta de inversión en obras públicas, mientras se ofrendan ingentes recursos a países ideológicamente afines.

 

–          Indignados por la inflación rampante, la pauperización de la clase media y el desabastecimiento de bienes de primera necesidad, el cual alcanza un 28%.

 

–          Indignados por el insólito nivel de corrupción que invade a todos los estamentos del Estado, y por el recrudecimiento de actividades delictivas y del narcotráfico, de los cuales no son ajenos altos círculos gubernamentales o castrenses.

 

–          Indignados por las limitaciones a la libertad de expresión e información, por la hegemonía informativa del Estado, por la falta de suministro de papel a los periódicos, todo lo cual priva a los ciudadanos del derecho a estar informados.

 

–          Indignados por la malversación de los recursos públicos, por la falta de transparencia y rendición de cuentas, y por el calamitoso estado de la economía, la cual luce el triste record de ser calificada como la de mayor riesgo país del mundo.

 

–          Indignados por la cubanización de la nación país y por la entrega sin límites de soberanía a una potencia extranjera.

 

–          Indignados por la destrucción institucional del país, entre ellos PDVSA y la Fuerza Armada, la militarización del gobierno y la subordinación castrense a la causa política del oficialismo.

 

–          Indignados por la siembra de odios, lucha de clases, por la exclusión, el nepotismo, y por el fanatismo ideológico que invade al país en todos sus niveles, en especial en el sistema educativo nacional.

Esas y muchas otras razones, generan sentimientos de malestar y de protesta, amparada en preceptos constitucionales. Y es que lejos del mensaje oficialista de que se trata de un movimiento fascista que trata derrocar al gobierno, este se niega a reconocer a la oposición como adversaria, salvo que se subordine, y la considera un enemigo al  cual hay que aniquilar, para implantar plenamente el modelo castrocomunista. La juventud luce dispuesta a defender sus derechos y su  futuro, por la vía de la resistencia activa no violenta. La comunidad internacional, ausente y tímida en la defensa de los derechos humanos y la democracia, tiene al menos ahora suficientes evidencias sobre el talante totalitario del gobierno, y de su total disposición de acorralar a la oposición democrática en Venezuela, y eternizarse en el poder a cualquier costo.
“Para la verdad, el tiempo; para la justicia Dios”

 

Publicado originalmente en Desde la distancia