Científicos reclaman políticas globales para proteger la biodiversidad del suelo

Científicos reclaman políticas globales para proteger la biodiversidad del suelo

El mayor campo de hielo fuera de la Antártida y Groenlandia se encuentra en el parque nacional de Los Glaciares, en la región conocida como Andes Australes, en Argentina, que incluye una enorme porción de la cordillera de los Andes cubierta de nieve al oeste, y la estepa patagónica al este, ocupando casi la mitad de la reserva. En la zona sur se alza su glaciar más renombrado, el Perito Moreno, famoso por su continuo movimiento, con desprendimientos espectaculares de su frente de hielo. Hay dos grandes lagos, el Argentino y el Viedma (en la foto), resultado del deshielo de este ecosistema.

 

Aunque albergan una cuarta parte de todas las especies, los suelos y su biodiversidad son reiteradamente excluidos de las políticas internacionales de conservación. Hoy un grupo internacional de científicos reclama en un artículo en la revista Science medidas para proteger estas riquezas subterráneas que son esenciales para los ecosistemas terrestres.

“Es ahora o nunca. Nuestros suelos se degradan a gran velocidad. Grandes extensiones sometidas a la agricultura intensiva reciben dosis excesivas de fertilizantes y pesticidas, son compactados, se sellan con edificios e infraestructuras o son expuestos a los fenómenos erosivos causados por el viento y el agua”, denuncian los científicos en el texto.

Además, el calentamiento global los está sometiendo a una degradación adicional. Se estima que cada año se pierden 24.000 millones de toneladas de suelo fértil en el mundo, lo que pone en peligro el importante papel que los suelos juegan en la regulación del clima, el aporte de agua limpia o la protección frente a plagas y enfermedades, recuerdan.

Pero, ¿qué tienen los suelos que los hacen tan importantes? Los suelos son el hábitat más diverso de la tierra y cada gramo contiene millones de células y miles de especies de microorganimos, es la “biodiversidad edáfica”, un conjunto de organismos que, “en silencio y escondidos, realizan servicios vitales para los seres que viven encima de ellos”, detalla Carlos Guerra, investigador de la Universidad de Leipzig y quien encabeza el artículo.

Las galerías subterráneas que fabrican las lombrices de tierra, por ejemplo, son esenciales para el funcionamiento de los ecosistemas porque modifican las propiedades hídricas del suelo, ayudan a las plantas y, con su actividad orgánica, generan numerosos nutrientes.

Pero, además, los suelos son “el reservorio de carbono más importante del planeta, después de los océanos, y, por tanto, esenciales para mitigar el cambio climático global”, añade Guerra.

Sin embargo, pese a todo ello, “la mayoría de los organismos del suelo no tienen una figura de protección, en parte porque desconocemos su estado de conservación”, explica a Efe Manuel Delgado Baquerizo, investigador de la Universidad Pablo de Olavide, en la ciudad española de Sevilla (sur), y uno de los firmantes del artículo.

En España, sin ir más lejos, “su gestión es compleja y tiene muchas aristas”, advierte.

“En la mayoría de los casos, el suelo y sus organismos se gestionan de forma indirecta. Por ejemplo, en ecosistemas naturales protegidos como los parques naturales, la gestión recae en las agencias medioambientales de las comunidades autónomas o a nivel estatal, pero, dado que el suelo es esencial para la producción de alimentos, en muchos casos su gestión se lleva a cabo a escala muy local por los agricultores y la industria alimentaria”, explica Delgado Baquerizo.

La biodiversidad del suelo tiene otro enemigo: “desconocemos su estado de conservación”, y eso dificulta su protección, avisa Delgado Baquerizo.

“Sabemos, por ejemplo, que el lince ibérico se encuentra en peligro de extinción, pero este tipo de información no existe para la inmensa mayoría de los organismos del suelo”, por eso, el artículo de Science hace un llamamiento a los 196 estados que están negociando la nueva estrategia para la protección de la biodiversidad en el marco del Convenio sobre Diversidad Biológica (CDB) de Naciones Unidas.

Además, los investigadores proponen la creación de una red de monitoreo global basado en muestreos estandarizados que ayude a conocer el estado global de la biodiversidad del suelo.

“El monitoreo y la conservación de la biodiversidad del suelo es la mejor estrategia para poder alcanzar los objetivos de sostenibilidad incluidos en la agenda 2030 y dirigidos a áreas tan relevantes como el clima, protección de los alimentos y la biodiversidad”, afirman.

Esta medida es particularmente evidente en las zonas áridas y semiáridas del planeta, que cubren más del 40 % de la superficie terrestre, pero donde su biodiversidad edáfica “apenas se ha estudiado”, lamenta Fernando T. Maestre, investigador de la Universidad de Alicante (este de España) y coautor del estudio.

Para recopilar datos globales del estado de los suelos y decidir qué regiones del mundo necesitan una protección más urgente, los autores han creado la red de seguimiento SoilBON, que proporcionará a los gestores y responsables políticos la información necesaria para apoyar la toma de decisiones.

Según explican, esto permitirá contar con un registro eficiente y hacer un seguimiento a largo plazo del estado global de los suelos, su biodiversidad y los servicios ecosistémicos que proporcionan y comprobar si las medidas de conservación que se implanten cumplen sus objetivos.

EFE.

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