Julio César Arreaza B.: Fríos o calientes

Julio César Arreaza B.: Fríos o calientes

Preferible “ser frío o caliente, porque a los tibios los vomitaré de mi boca”, dijo Jesús. No hay algo peor que la perdida de la brújula moral, sin la cual una sociedad se va al foso. En la vida no se puede ir deambulando con tibieza en una cuerda floja, si lo haces te lo cobrará el destino con una vida para nada digna de ser vivida. La oscuridad de la época arrastra hacia la fragilidad social. Nadie reflexiona sino calcula. Vivimos tiempos de decadencia. Este es el contexto.

Parafraseando a Clinton decimos: es la soberanía popular, estúpido. La formidable manifestación de la voluntad popular habló de manera rotundamente clara el 22 de octubre. Cambió la historia, el ciudadano salió y tomo el control y decidió cerrar un ciclo de odio y división, dejando atrás la vieja forma de hacer política.

Lo que vaya en contra de ese mandato se estrellará, no redundará a favor del rescate del ciudadano y la libertad de Venezuela. La unidad es para el voto que elija presidenta a la candidata surgida del hito histórico de la primaria. Si por las malas se desconoce el mandato popular y se cierra este espectacular proceso de transición democrática, se consolidará el sistema de mafias y saltarán 4 millones adicionales de compatriotas a la diáspora. La que conecta es María Corina, que ha sido elegida empáticamente. Este es el capital para deslastrarnos del narcorrégimen.





Somos la nacionalidad con más migrantes desde 2017. El comportamiento del Darién ha ido in crescendo de 100-200-500 mil. Hemos perdido el bono demográfico para sustentar a la población mayor.

Votar sin condiciones y apartándose de la soberanía popular expresada el 22 de octubre no va en dirección de resolver el conflicto humanitario que padecemos, no van a salir los presos políticos y seguirá la persecución y la violación sistemática de los derechos humanos. Continuarán prevaleciendo las instituciones degradadas y fracturadas. No es competitivo participar en un adefesio que no puede llamarse elecciones, sin piso parejo, para perder y gane Maduro. Importa y mucho la calidad de las elecciones.

Tomar el camino indeseado por la mayoría es dejarnos a merced de la entropía que nos ha ido destruyendo individualmente y como sociedad. Es seguir torturándonos en el esfuerzo de Sísifo y malversando la esperanza del ciudadano.

Resulta horroroso eso que llaman algunos “paz autoritaria”. Doblarse para no partirse. Se traduce en continuar sometidos a la lógica totalitaria.

Son horas decisivas. Hay que hablar con la verdad. Con coraje ciudadano apostamos al rescate de la república, cumpliendo con el mandato de la soberanía popular del 22 de octubre.

Libertad para Javier Tarazona, los policías metropolitanos, los comandos de Vente, Rocío San Miguel, Dignora Hernández, Henry Alviarez, Carlos Julio Rojas y los hermanos Guevara! ¡No más prisioneros políticos, torturados, asesinados ni exiliados!

Nota: El anterior artículo fue escrito en la mañana del 19 de abril de 2024, y en el día de hoy , no le cambio nada. Solo agregó lo siguiente.

No le arriendo la ganancia a la corporación criminal tapa amarilla, que se ha burlado cobardemente de la libre expresión de la soberanía popular manifestada el 22-10.

En 1947, el gobierno visionario de Rómulo Betancourt reconoció el derecho del voto de la mujer, lo cual significó una conquista asegurada para siempre.

Esto cobra toda la importancia en esta etapa aciaga, y emerge precisamente la figura indicada para el desafío histórico de hoy: María Corina Machado. El régimen cobarde y cínico le teme y cae en la abyecta conducta de abrogar la libre expresión de la soberanía popular. Sentencia con este gesto, tarde o temprano, pero seguro, su desaparición de la historia.

En fin, observo, aún dentro del acoso incesante de la dictadura, cierta banalidad en las posiciones políticas y ajustes acomodaticios. No debemos cejar ni un segundo en la exigencia del cumplimiento de lo decidido por la voluntad popular del pueblo venezolano. Enfrentemos el crimen de lesa humanidad contra la soberanía popular.